CUENTO SOBRE EL DESTINO

“El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos”.
Arthur Schopenhauer

Este que hay a continuación, es uno de mis cuentos favoritos. Desafía la lógica y me remite a pensar sobre el destino, la predestinación, la casualidad, la causalidad, las diosidades…

 

CAUSALIDAD DESTINO

“PUEDE SER, PUEDE SER…”
En una lejana comarca allí donde el sol aparece cada mañana, vive Long Ching, un anciano de frágil cuerpecillo y larga barba blanca. Sus modales serenos y su palabra siempre cuidadosa y amable, hacen de él un hombre respetado por todos los que lo conocen, que incluso afirman que Long Ching fue en su juventud, iniciado en los misterios de la antigua sabiduría. Así que su prudencia y sobriedad es siempre objeto de admiración de todos los que lo conocen, incluido su propio y único hijo que con él vive.

Aquel día, los vecinos del poblado de Kariel se encontraban muy apenados. Durante la pasada tormenta, las yeguas de Long Ching había salido de sus corrales y escapado a las montañas, dejando al pobre anciano sin los medios habituales de subsistencia. El pueblo sentía una gran consternación por lo que no dejaban de desfilar por su honorable casa y decir repetitivamente a Long Ching:

“¡Qué desgracia! ¡Pobre Long Ching! ¡Maldita tormenta cayó sobre tu casa! ¡Qué mala suerte ha pasado por tu vida! Tu casa está perdida…”

Long Ching, amable sereno y atento, tan sólo decía una y otra vez:

“Puede ser, puede ser…”

Al poco, sucedió que el invierno comenzó a asomar sus vientos trayendo un fuerte frío a la región, y ¡Oh sorpresa! Las yeguas de Long Ching retornaron al calor de sus antiguos establos, pero en esta ocasión, preñadas y acompañadas de caballos salvajes encontrados en las montañas.

Con esta llegada, el ganado de Long Ching se había visto incrementado de manera inesperada.

Así que el pueblo, ante este acontecimiento y sintiendo un gran regocijo por el anciano, fue desfilando por su casa, tal y como era costumbre, para felicitarlo por su suerte y su destino.

“¡Qué buena suerte tienes anciano! ¡Benditas sean las yeguas que escaparon y aumentaron tu manada! La vida es hermosa contigo Long Ching…”

A lo que el sabio anciano tan solo contestaba una y otra vez:

-“Puede ser, puede ser…”

Pasado un corto tiempo, los nuevos caballos iban siendo domesticados por el hijo de Long Ching que desde el amanecer hasta la puesta del sol no dejaba de preparar a sus animales para sus nuevas faenas. Podría decirse que la prosperidad y la alegría reinaban en aquella casa.

Una mañana como cualquier otra, sucedió que uno de los caballos derribó al joven hijo de Long Ching con tan mala fortuna que sus dos piernas se fracturaron en la caída. Como consecuencia, el único hijo del anciano quedaba impedido durante un largo tiempo para la faena diaria.

El pueblo quedó consternado por esta triste noticia por lo que uno a uno pasando por su casa, decía al anciano:

” ¡Qué desgraciado debes sentirte Long Ching!” le decían apesadumbrados. “¡Qué mala suerte, tu único hijo!” “¡Malditos caballos que han traído la desgracia a la casa de un hombre respetable!”

El anciano escuchaba sereno y tan sólo respondía una y otra vez:

“Puede ser, puede ser…”

Al poco, el verano caluroso fue pasando y cuando se divisaban las primeras brisas del otoño, una fuerte tensión política con el país vecino estalló en un conflicto armado. La guerra había sido declarada en la nación y todos los jóvenes disponibles eran enrolados en aquella negra aventura. Al poco de conocerse la noticia se presentó en el poblado de Kariel un grupo de emisarios gubernamentales con la misión de alistar para el frente a todos los jóvenes disponibles de la comarca. Al llegar a la casa de Long Ching y comprobar la lesión de su hijo, siguieron su camino y se olvidaron del muchacho que tenía todos los síntomas de tardar en recuperarse un largo tiempo.

Los vecinos de Kariel sintieron una gran alegría cuando supieron de la permanencia en el poblado del joven hijo de Long Ching. Así que, de nuevo, uno a uno fueron visitando al anciano para expresar la admiración que sentían ante su nueva suerte.

“¡Tienes una gran suerte querido Long Ching!”, le decían. “¡Bendito accidente aquél que conserva la vida de tu hijo y lo mantiene a tu lado durante la escasez y la angustia de la guerra!” “¡Gran destino el tuyo que cuida de tu persona y de tu hacienda manteniendo al hijo en casa!” “¡Qué buena suerte Long Ching ha pasado por tu casa!”. El anciano mirando con una lucecilla traviesa en sus pupilas tan sólo contestaba:

” Puede ser, puede ser…”

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LOS PELDAÑOS DE LA VIDA

escalones

ESCALONES

Así como toda flor se enmustia y toda juventud cede a la edad, 
así también florecen sucesivos los peldaños de la vida
a su tiempo flora toda sabiduría, toda virtud, 
mas no les es dado durar eternamente. 
Es menester que el corazón, a cada llamamiento, 
esté pronto al adiós y a comenzar de nuevo, 
esté dispuesto a darse, animoso y sin duelos, 
a nuevas y distintas ataduras. 
En el fondo de cada comienzo hay un hechizo 
que nos protege y nos ayuda, a vivir. 

Debemos ir serenos y alegres por la Tierra, 
atravesar espacio tras espacio 
sin aferrarnos a ninguno, cual si fuera una patria; 
el espíritu universal no quiere encadenarnos: 
quiere que nos elevemos, que nos ensanchemos 
escalón tras escalón. Apenas hemos ganado intimidad 
en un morada y en un ambiente, ya todo empieza a languidecer: 
sólo quien está pronto a partir y peregrinar 
podrá eludir la parálisis que causa la costumbre. 

Aun la hora de la muerte acaso nos coloque 
frente a nuevos espacios que debamos andar: 
las llamadas de la vida no acabarán jamás para nosotros… 
¡Ea, pues, corazón arriba! ¡Despídete, estás curado!

HERMANN HESSE

En 1941 Hermann Hesse escribe este poema, ya condicionado por la enfermedad que padecía.

Hesse reflexiona sobre los escalones o peldaños de la vida en clave de etapas.

Las etapas de la vida, cada una con su afán y su propósito. Lo importante es saber vivir y soltar el momento. 

En el siguiente símil budista se encuentra la misma idea fundamental de Hesse, saber vivir las etapas de la vida y despedir sin apego el momento presente para acoger al siguiente.

En la vida hay etapas que como balsas nos ayudan a ir más allá, pero ¡cuidado! si queremos quedarnos con la balsa a cuesta…

El símil de la balsa
“Monjes, voy a mostraros, ahora, en qué sentido el Dhamma* se parece a una balsa cuyo propósito es cruzar las aguas y no ser poseída. Escuchad y prestad atención que voy a hablar”.  – “Sí, venerable señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:
“Monjes, imaginad a un hombre que estaba de viaje y visualizó una gran extensión de agua, siendo la orilla cercana un lugar peligroso y temible, mientras que la otra orilla, segura y apacible. Sin embargo, no había barco alguno ni puente que serviría para llegar a la otra orilla. Entonces, el hombre pensó lo siguiente: ‘he aquí, una gran extensión de agua y esta orilla cercana es un lugar peligroso y temible, mientras que la otra orilla es segura y apacible. Sin embargo, no hay barco alguno ni puente que le sirviera para llegar a la otra orilla. ¿Qué tal, si recolecto la paja, las “ramitas”, los ramales y las hojas para hacer de ello una balsa, la cual me permitiría cruzar las aguas a salvo, haciendo sólo el esfuerzo con mis manos y pies?’ Entonces, el hombre reunió la paja, las “ramitas”, los ramales y las hojas e hizo una balsa con la cual cruzó las aguas y arribó a salvo a la otra orilla, haciendo sólo el esfuerzo con sus manos y pies. Estando ya al otro lado, pensó: ‘¡Qué útil me fue esta balsa! Gracias a ella, solamente con el esfuerzo de mis manos y pies, pude cruzar las aguas y llegar a salvo a la otra orilla. ¿Por qué no la levanto, no la pongo sobre mis hombros y mi cabeza y la llevo por dondequiera que vaya?’ ¿Qué pensáis monjes: haciendo esto, haría el hombre lo que corresponde hacer con una balsa?”.
“Ciertamente no, señor”.
“Entonces, ¿qué debería hacer el hombre con la balsa, para que esto correspondiese a lo que se debe hacer con una balsa? Suponed, monjes, que un hombre al llegar a la otra orilla dijera: ‘¡Qué útil me fue esta balsa! Gracias a ella, solamente con el esfuerzo de mis manos y pies, pude cruzar las aguas y llegar a salvo a la otra orilla. ¿Por qué no la arrastro a la tierra firme o la sujeto a la deriva y voy a dondequiera?’ Haciendo esto, él realmente haría lo que corresponde hacer con una balsa.
“De esta manera, monjes, el dhamma se parece a una balsa, cuyo propósito es cruzar las aguas y no ser poseída. Monjes, al saber que el dhamma se parece a una balsa, debéis abandonar inclusive los dhammas  y, con más razón, las enseñanzas contrarias al dhamma.
*Dharma es una palabra sánscrita que significa, «ley natural», «orden social», «conducta adecuada» o «virtud». Se utiliza en casi todas las doctrinas y religiones de origen védico, como el hinduismo, el budismo, el jainismo y el sijismo.

LA FLOR DE LOTO: Una zambullida al interior

“¿Por qué habría una flor de loto ocultarse en el bosque?”

Oído en la película “La vida de Pi”

La flor de loto es una flor que impresiona. Es uno de los símbolos más importantes y hermosos de la enseñanza budista.

En sánscrito y en tibetano, la palabra del loto es Padma. En la mayoría Budismo chino, hindú y japonesas las deidades están asociados con una flor de loto.

En las enseñanzas budistas, el loto representa la pureza de la mente y la iluminación.

La inmaculada flor de loto, que crece desde sus raíces en el barro, se sienta sobre las aguas, libre de desprendimiento y de deseo. La flor ha hecho el viaje desde el barro, lo que significa el materialismo y la existencia mundana (samsara), a través de las aguas de la vida, rompiendo a la superficie, y la floreciendo en flor inmaculada, por lo tanto alcanzando la iluminación.

A medida que los pétalos se abren para tomar los rayos del sol, la flor de loto revela su pureza y su mensaje al mundo. Se trata de una metáfora del viaje del alma.

Os dejo con mi cuento favorito sobre la flor de loto: la versión griega.

Dedicado a todas y todos los que habéis tenido el coraje de zambulliros en vuestro interior a largo de este curso.
flor de loto

 

LA FLOR DE LOTO: Una zambullida al interior

En la antigua Grecia, en la época de los dioses, existió una diosa muy hermosa con el cabello largo, largo con una corona que cubría su cabellera. Era muy feliz hasta que un día, por azares del destino, llovió sobre sus hombros. Las estrellas no brillaban para ella, el sol se ocultó… todos ellos contemplados lograron que la diosa huyera sin pensarlo al bosque.

Con sentimientos encontrados, no podía discernir por donde transitaba. Sin querer tocó tierra, y se hundió en el lodo, en un lugar llamado¨LOTO¨ , llamado así por los supremos dioses destinado para los fracasados y perdedores en la vida, lugar donde nadie, absolutamente nadie, podía subir o flotar jamás. Sin percatarse, la joven diosa llego a hundirse hasta que sus lágrimas derramadas en ese momento, se sometieron al delicado cuerpo hasta llevarlo a el fondo.

No había salida para la diosa. En ese instante estaba destinada a vivir en la morada de los ¨fracasados¨. Esto sucedio hace muchos. Loto no era lugar destinado para los fracasados sino para los ¨triunfadores¨porque se decía sin lugar a dudas, que la persona que cayera al fondo del fango, tenía que luchar para llegar a la cima, no importando si el lodo no lo permitiera, no importando si el lodo cada vez pesara más y no se mirara al sol.

Ella luchó durante siglos por no permanecer para siempre en el loto hasta que un día ocurrió el milagro del que todos los dioses asombrados observaron maravillados: La diosa se había convertido en una hermosa flor que con los pétalos largos y una gran corona resplandeciente, había emergido del agua y renacido de entre el fangoso lago… HABÍA VUELTO A RENACER.

Todos observaron que la diosa salía del lodo. Entre ellos se preguntaban “¿Será posible que después de siglos haya podido renacer? “. Ya no cabe más dudas desde entonces, que todos podemos renacer.

¿Quién soy?

“Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.”

 Eduardo Galeano 

¿Quién soy? Es posiblemente una de las preguntas más profundas que nos podemos hacer.

Es la razón de ser del coaching ontológico y del coaching teleológico.

Creo que la tarea de descubrir quién soy realmente, es un claro ejercicio donde se une filosofía, psicología y coaching.

En el siguiente video el profesor Fredy Kofman nos propone una reflexión en esta línea.

Carl R. Rogers, uno de mis psicólogos favorito, escribe en su libro, El proceso de convertirse en persona:

“Algunas personas suelen alegar que si un individuo fuera lo que realmente es, liberaría la bestia que hay en él. Esta opinión me divierte porque pienso que deberíamos observar mejor a las bestias. El león…mata cuando tiene hambre, pero no mata por matar, ni se alimenta en exceso…mientras no es más que un cachorro, es débil y dependiente, pero avanza hacia la independencia; no se aferra a la dependencia. Durante su infancia es egoísta y centrado en sí mismo, pero al llegar a la edad adulta demuestra notable cooperatividad; alimenta, cuida y protege a su cría; satisface sus deseos sexuales, pero no se entrega a orgías salvajes y lujuriosas. Sus diversas tendencias y necesidades se armonizan entre sí. Básicamente es …constructivo y confiable. Lo que deseo sugerir es que no hay motivo para sentir horror ante la idea de ser realmente y de manera profunda un miembro original de la especie humana”.

En el coaching es frecuente trabajar con esta idea: “La paradoja curiosa es que cuando me acepto a mí mismo tal como soy,
entonces puedo cambiar”. (Carl Rogers).
 Es la toma de conciencia, la aceptación del principio de realidad, el despertar.

En coaching esta pregunta filosófica, se convierte en una tarea, en una línea clara de trabajo personal definiendo un plan de trabajo orientado a ser nuestra mejor versión:  La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante.(Soren Kierkegaard).

Por cierto, esta frase me trae a la mente el archiconocido discurso de Steve Job, y su comentario acerca de “conectar los puntos”. Os lo dejo el video y la transcripción del discurso de Steve Jobs para el recuerdo.

Tengo el honor de estar hoy aquí presente en la ceremonia de graduación de una de las más prestigiosas universidades en el mundo. A decir verdad, esto es lo más cerca que estuve jamás de una graduación universitaria. Hoy deseo contarles tres relatos acerca de mi vida. Eso es todo. Nada del otro mundo. Simplemente tres relatos.

El primer relato es acerca de unir los distintos puntos.
Abandoné los estudios en Reed College después de los primeros 6 meses, pero luego permanecí como oyente por otros 18 meses aproximadamente antes de dejarlos completamente. Así que, ¿por qué abandoné?
Todo comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una joven soltera, graduada universitaria, que decidió colocarme en adopción. Creía enérgicamente que debía ser adoptado por universitarios graduados, de modo tal que todo se organizó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su esposa. Excepto que cuando emergí ellos decidieron a último momento que deseaban una niña. Así que mis padres, que estaban en una lista de espera, recibieron una llamada en el medio de la noche que decía: “Tenemos un varoncito inesperado, ¿lo quieren?” Dijeron: “Por supuesto.” Mi madre biológica averiguó más tarde que mi madre adoptiva nunca se había graduado de la universidad y que mi padre nunca había terminado el colegio secundario. Se rehusó a firmar los papeles definitivos de adopción. Solo se avino a hacerlo unos meses después, cuando mis padres le prometieron que algún día yo iría a la universidad.
Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero ingenuamente elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora se estaban destinando a mis aranceles universitarios. Luego de seis meses, no le encontraba sentido a esto. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco de qué manera la universidad me ayudaría a resolverlo. Y aquí me encontraba desperdiciando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Así que decidí abandonar los estudios y confiar que todo se arreglaría eventualmente. Era una decisión bastante temerosa en ese momento, pero a la distancia fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado. En el momento en que abandonara la universidad podía dejar de asistir a las clases que no me interesaban, y sí participar como oyente de aquellas que parecían interesantes.
No todo fue romántico. No tenía un dormitorio, así que dormía en el piso en las habitaciones de amigos, devolvía las botellas de gaseosa para obtener los 5 centavos de depósito para comprar comida, y caminaba las 7 millas a través de la ciudad cada domingo por la noche para recibir una buena comida una vez por semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba. Y mucho con lo que tropecé más adelante como consecuencia de hacerle caso a mi curiosidad e intuición resultó no tener precio después.
Déjenme darles un ejemplo: Reed College en ese momento ofrecía quizás el mejor aprendizaje de caligrafía del país. En toda la ciudad universitaria cada cartel, cada etiqueta en cada cajón, era caligrafiado a mano de una manera bellísima. Dado que había abandonado los estudios y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar un curso de caligrafía para aprender cómo se hace eso. Aprendí acerca de los tipos de letra con trazos de pie, cómo variar la cantidad de espacio entre diferentes combinaciones de letras, todo aquello que hace que la admirable tipografía sea grandiosa. Era hermoso, histórico, artísticamente sutil de un modo que la ciencia no puede captar, y yo lo consideraba fascinante.
Nada de esto albergaba siquiera la mínima esperanza de alguna aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando la primera computadora Macintosh, todo volvió a mi mente. Y lo volcamos todo en la Mac. Era la primera computadora con bellísima tipografía. De no haber asistido a ese único curso universitario, la Mac no hubiera tenido nunca tipos de letras múltiples o fuentes espaciadas proporcionalmente. Y dado que Windows simplemente copió a Mac, es posible que ninguna computadora personal las hubiera tenido. De haber proseguido mis estudios universitarios, no hubiera asistido a ese curso de caligrafía, y las computadoras personales no tendrían la maravillosa tipografía que tienen.
Por supuesto que era imposible haber unido los diferentes puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Pero fue muy, muy claro al mirar para atrás diez años más tarde.
Nuevamente, no se pueden unir los distintos puntos mirando para adelante; se pueden unir únicamente mirando hacia atrás. Así que deben confiar que de alguna manera los puntos se unirán en el futuro. Deben confiar en algo sus agallas, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Este enfoque no me ha traicionado nunca, e hizo toda la diferencia en mi vida.

 

 

Mi segundo relato es acerca del amor y la pérdida.
Yo tuve suerte – descubrí lo que realmente quería hacer temprano en mi vida. Woz y yo comenzamos con Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro, y en 10 años Apple creció de ser una empresa compuesta por nosotros dos en un garaje a una empresa de $2 mil millones con más de 4000 empleados. Habíamos lanzado nuestra creación más refinada – Macintosh – un año antes, y yo acababa de cumplir 30. Y después me despidieron. ¿Cómo se puede ser despedido de la empresa que uno inició?
Pués, a medida que Apple crecía contratamos a alguien que yo pensaba que era sumamente talentoso para dirigir la empresa conmigo, y durante el primer año o más las cosas anduvieron bien. Pero luego nuestras visiones acerca del futuro comenzaron a diferir y eventualmente tuvimos una disputa.
Al tenerla, nuestro Directorio lo apoyó a él. Así que a los 30 estuve afuera. Y bien afuera. Aquello en lo que me había concentrado durante toda mi vida adulta había desaparecido, y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante unos pocos meses. Sentía que había decepcionado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado la batuta mientras que me la estaban pasando. Me reuní con David Packard y Bob Noyce y traté de disculparme por haber echado a perder las cosas de tal manera. Yo representaba un fracaso público muy importante, y hasta pensé en retirarme del valle.
Pero poco a poco empecé a darme cuenta que todavía amaba lo que estaba haciendo. El curso de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso para nada. Había sido rechazado, pero aún amaba lo mío. Así que decidí empezar de nuevo.
No me dí cuenta entonces, pero resultó que el hecho de haber sido despedido de Apple fue lo mejor que me pudo haber pasado. El peso del éxito fue reemplazado por la facilidad de convertirme en un principiante una vez más, con menor certidumbre acerca de todo. Me dio rienda suelta para ingresar en uno de los períodos más creativos de mi vida.
Durante los próximos cinco años, inicié una empresa llamada NeXT, otra empresa llamada Pixar y, me enamoré de una maravillosa mujer que se convertiría en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por computadora en el mundo, Toy Story, y en la actualidad es el estudio de animación más exitoso a nivel mundial. En un giro destacado de acontecimientos, Apple adquirió NeXT, volví a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT está en lo más recóndito del renacimiento actual de Apple. Y tenemos, Laurene y yo, una maravillosa familia juntos. Estoy seguro de que nada de esto hubiera pasado de no haber sido despedido de Apple. Fue un trago amargo, pero creo que el paciente lo necesitaba.
A veces la vida golpea en la cabeza con un ladrillo. No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me mantenía en curso era que amaba lo que hacía. Deben encontrar lo que realmente les apasiona. Y esto es tan cierto respecto del trabajo como lo es respecto del amor. El trabajo les llenará una parte importante de sus vidas, y la única manera de sentirse realmente satisfecho es realizar lo que consideran un gran trabajo. Y el único modo de realizar un gran trabajo es amar lo que uno hace. Si no lo han encontrado aún, sigan buscando. No se conformen. Así como sucede con todos los asuntos del corazón, sabrán cuando lo hayan encontrado. Y, así como sucede en cualquier gran relación, mejora más y más a medida que transcurren los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se conformen.

 

 

Mi tercer relato es acerca de la muerte.
Cuando tenía 17, leí una cita que decía más o menos lo siguiente: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día seguramente tendrás razón.” Me impresionó, y desde entonces, por los últimos 33 años, he mirado en el espejo cada mañana y me he preguntado: “¿Si hoy fuese el último día de mi vida, querría hacer lo que estoy por hacer hoy?” Y cada vez que la respuesta ha sido “No” durante demasiados días seguidos, sé que debo cambiar algo.
El recordar que estaré muerto pronto es la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones en la vida. Porque casi todo – todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo temor a la vergüenza o al fracaso – todas estas cosas simplemente desaparecen al enfrentar la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que hay algo por perder. Ya se está indefenso. No hay razón alguna para no seguir los consejos del corazón.
Me diagnosticaron un cáncer hace un año aproximadamente. Me practicaron una tomografía computada a las 7:30 de la mañana, y claramente mostraba un tumor en mi páncreas. Yo ni sabía lo que era el páncreas. Los médicos me dijeron que éste era seguramente un tipo de cáncer incurable, y que no llegaría a vivir más de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó ir a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararse para morir.
Quiere decir que hay que tratar de explicarles a los hijos todo aquello que pensaba que iba a tener diez años para contarles, en pocos meses. Significa asegurarse de tener todo puntualmente arreglado de modo que sea lo más fácil posible para la familia. Significa empezar a decir adiós.
Pasé el día entero con ese diagnóstico. Luego por la tarde me realizaron una biopsia, en la que introdujeron un endoscopio por la garganta, a través del estómago y hasta los intestinos, pusieron una aguja en mi páncreas y retiraron algunas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células bajo el microscopio los médicos comenzaron a gritar porque resultó que era una forma muy rara de cáncer pancréatico que se cura mediante cirugía. Me realizaron la cirugía y estoy bien ahora.
Fue lo más cerca que me encontré de la muerte, y espero que sea lo más cerca que me encuentre por varias décadas. Habiendo pasado esto, les puedo decir lo siguiente con un poco más de seguridad que cuando la muerte era un concepto útil pero puramente intelectual: Nadie quiere morir. Aún la gente que quiere ir al cielo no quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha logrado escapar. Y así es como debiera ser, porque la muerte es muy probablemente la única mejor invención de la vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira del camino lo viejo para dar paso a lo nuevo. En este momento lo nuevo son ustedes, pero algún día no demasiado lejano, gradualmente se convertirán en lo viejo y se los sacará del camino. Lamento ser tan dramático, pero es realmente cierto.
Su tiempo es limitado, así que no lo malgasten viviendo la vida de otro. No se dejen atrapar por el dogma – que implica vivir con los resultados de las creencias de otros. No permitan que el ruido de otras opiniones ahogue vuestra voz interior. Y lo que es más importante, tengan el coraje de seguir a sus corazones e intución. De algún modo ellos ya saben lo que ustedes realmente quieren llegar a ser.Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, existía una publicación maravillosa llamada The Whole Earth Catalog, que era una de las biblias de mi generación. La había creado un sujeto llamado Steward Brand no demasiado lejos de aquí en Menlo Park, y le transmitió su toque poético. Esto sucedía en los últimos años de la década de 1960, con anterioridad a la publicación mediante computadoras personales y de escritorio, así que todo se llevaba a cabo con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras polaroid. Era una clase de Google en edición rústica, 35 años antes de la aparición de Google: era idealista, y desbordante de herramientas prolijas e ideas importantes. Stewart y su equipo publicaron varias ediciones de The Whole Earth Catalog, y luego cuando había cumplido su ciclo, publicaron una edición final.
Esto sucedía a mediados de la década de 1970, y yo tenía la edad de ustedes. En la tapa de la edición final había una fotografía de un camino rural a primeras horas de la mañana, del tipo de ruta que ustedes caminarían si fueran tan aventureros. Debajo de la foto aparecían las siguientes palabras: “Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito”. Era su mensaje de despedida al anunciar el fin de la publicación.

 

Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, que ustedes se gradúan para empezar de cero, deseo eso para ustedes

.

 

 

Si no se tiene avidez por el conocimiento, no se conocerá el éxito.

Soltar lastre.

“Menos es más”

(E cosí)

Sabida es la importancia de acompañar nuestra propia vida con lo importante, de ahí el profundo trabajo personal para definir ¿qué es lo importante?

Como estrategia, simplificar nuestra vida y nuestra existencia… Soltar lastre… Y viajar ligero de equipaje, únicamente con lo importante.

En palabras de mi admirado y en el pasado, vecino, Antonio Machado:

“Y cuando llegue el día del último vïaje, 
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, 
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos de la mar”.

Un video ilustrativo, del significado de hacer consciente ¿qué llevamos en la mochila? Los/as que habéis asistido a mis cursos, cursillos, conferencias, y procesos, sabéis la importancia de preguntarnos ¿qué me llevo en la mochila?

Y un cuento, sobre cómo llenamos la mochila de nuestra mente.

Según un cuento tradicional chino, dos monjes budistas se encontraron con una mujer muy hermosa en la orilla de un río. Al parecer, la chica no se atrevía a cruzarlo por miedo a caerse en el agua. Sin dudarlo, uno de los religiosos la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla. El otro monje no dijo nada, pero se puso furioso. Lo que había hecho su compañero estaba prohibido: un monje budista no debía tocar a una mujer. Tras recorrer en silencio varios kilómetros y entrar en el monasterio, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

– “Tendré que decírselo al maestro. Lo que has hecho está prohibido”

Y el otro, desconcertado, le preguntó:

– “¿De qué estás hablando?”

Atónito, el monje enojado le recriminó:

– “¡Llevaste a esa hermosa mujer sobre tus hombros!”

El otro monje se rió y dijo:

– “Es cierto. Yo la llevé. Pero la dejé en la otra orilla del río. Sin embargo, tú todavía la sigues cargando…”

Cuento de Mindfulness

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

“Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo”

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total. Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

“No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”

Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje” (el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey).

“Pero no lo leas” -le dijo- “mantenlo escondido en el anillo”

“Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación”

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino.

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía:

“Esto también pasará”

Mientras leía estas palabras sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes. Él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en la carroza y le dijo:

“Apreciado rey, le aconsejo leer nuevamente el mensaje del anillo”

“¿Qué quieres decir?” -preguntó el rey “Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta. No estoy desesperado y no me encuentro en una situación sin salida”

“Escucha” – dijo el anciano – “este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas. También es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No est sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero”

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo bueno es tan transitorio como lo malo.

NOTA: ¿Qué es Mindfulness?

Mindfulness es una cualidad de la mente o más bien la capacidad intrínseca de la mente de estar presente y consciente en un momento determinado, en un momento en que cuerpo y mente se sincronizan totalmente en un instante de realidad presente. Presencia plena y conciencia abierta se conjugan en un momento en nuestra mente/cuerpo/espíritu.

La historia de lo importante.

Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.

Abraham Lincoln

Todos y todas tenemos una historia de lo importante.

¿Cuáles son las situaciones de tu vida que más te han permitido aprender? 

La respuesta a esta pregunta nos permite escribir una historia de “lo importante”.

Si elegimos dos o  tres experiencias que hayamos tenido, y que consideramos que nos han proporcionado  aprendizaje valioso en nuestra vida, ya tenemos el posible guión de NUESTRA historia de lo importante.

Si de ellas, elejimos una experiencia, una historia que hayamos vivido, la que consideremos más valiosa, más enriquecedora, por el aprendizaje que nos supuso tendríamos, LA HISTORIA DE LO IMPORTANTE.

Si unimos nuestras historias 2de lo importante”, construimos la memoria colectiva de lo importante… Tal vez cada familia tenga la suya, o acaso cada grupo de amigos, cada barrio, cada pueblo, cada país…

En la Antigua Grecia, los aedos eran los depositarios de la memoria colectiva y tenían una situación priviligiada . Luego se les llamó bardos, trovadores, juglares o cuentacuentos. Eran y son difusores de historias y leyendas  “de lo importante”.

La profesión se transmitía de padres a hijos y su tarea consistía en encandilar con la palabra, viviendo las historias con los cinco sentidos: tocándolas, viéndolas, oliéndolas, oyéndolas y probándolas. Hoy los que somos profesionales de la PNL, ponemos palabras técnicas a contar las historias así.

Los aedos ejercían su oficio en los banquetes de Grecia, el más típico se llamaba simposium.

Tal vez, los formadores y facilitadores del crecimiento humano tan sólo somos aedos contemporáneos.

Os dejo una bella canción de mi admirado Martínez Ares, cantando a lo que para él es importante…