EL ADIÓS NO EXISTE

Es tiempo de despedidas. El verano en el hemisferio norte de nuestro planeta, invita unas veces y obliga en otras, a desapegarnos de lugares, personas y cosas.

El adiós hace referencia etimológica al buen deseo de permanecer “en Dios” (“a Dios encomiendo tu alma”, “a Dios te encomiendo”, “a Dios vais”), uniéndose una circunstancia tan terrenal como un revuelo de emociones que acongoja el estómago y hace brotar lágrimas de despedida a una sublimación mística del mejor deseo para la persona o proyecto amado, es decir, contar con la compaña de los dioses.

Os dejo con un poema del sabio Gibran.

En verdad os digo que el adiós no existe:

Si se pronuncia entre dos seres
que nunca se encontraron,
es una palabra innecesaria.

Si se dice entre dos que fueron uno,
es una palabra sin sentido.

Porque en el mundo real del espíritu
sólo hay encuentros y nunca despedidas,
y porque el recuerdo del ser amado
crece en el alma con la distancia,
como el eco en las montañas del crepúsculo.

KHALIL GIBRAN