Una vida de película

“Dime a qué prestas atención y te diré quien eres”.

José Ortega y Gasset.

A veces hay opciones en la vida, y ello nos lleva a elegir “vivir una vida de opción”, hasta tal punto que pudiera parecer de película.

Este es el caso de la siguiente historia, donde la determinación, las creencias y los valores personales se dan la mano.

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Barry Martin en el 2006 se incorporó a su nuevo trabajo como jefe de obra para la construcción de un lujoso centro comercial en la ciudad de Seattle. Los promotores habían logrado comprar todas las parcelas, excepto una casa.

La primera misión de Barry fue convencer a la persona propietaria de la casa de que la vendiera. La casa era de Edith Macefield, una anciana que nació en 1921.

Barry, el jefe de obra, pensó que la vía diplomática sería la mejor para convencer a la anciana para que vendiera su pequeña y vieja casa.  “Buenos días señora Macefield –comenzó Barry–, sólo venía a decirle que hoy vamos a hacer mucho ruido. Si tiene cualquier problema, este es mi teléfono”. Edith aceptó el ofrecimiento y pocos días después llamó a Barry para pedirle… que la llevara a la peluquería. “Ya no puedo conducir mi viejo Chevrolet Cavalier”, se excusó Edith. Aquello fue el comienzo de una gran amistad.

Cuando Barry le preguntó por qué no quería vender su casa, a pesar de que le ofrecían un millón de dólares y una vivienda en otro barrio de Seattle, Edith le contestó: “Yo no quiero mudarme. No necesito el dinero. El dinero no significa nada para mí. Esta es mi casa. Mi madre murió aquí, en este mismo sofá. Regresé a Estados Unidos desde Inglaterra para cuidar de ella. Me hizo prometer que la iba a dejar morir en casa y no en una residencia. Cumplí mi promesa y es aquí donde quiero morir, en mi propia casa, en este sofá”.

Edith, de joven aprendió francés y alemán y se trasladó a Inglaterra. Contaba de sí misma que había sido espía británica en Alemania, que había escapado del campo de concentración de Dachau y que aprendió a tocar el clarinete gracias a su primo, el legendario músico de jazz Benny Goodman.

Al acabar la Segunda Guerra Mundial permaneció en Inglaterra atendiendo a huérfanos de guerra. Se hizo experta en ópera, y fan de Fran Sinatra y de Greta Garbo. Su vida seguía siendo divertida y alocada, hasta que en 1965 su madre enfermó gravemente y ella regresó a los Estados Unidos para atenderla. Su madre vivía en esa casa de Seattle, y allí murió, pocos años después. Para conservar su recuerdo, ella decidió echar raíces y quedarse allí. Para siempre.

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Esta es la verdadera historia que inspiró la película Up. La historia de Edith y de su rechazo de la suculenta oferta apareció en la prensa y llegó a oídos de los responsables de la productora Pixar. La película “Up”, cuenta la maravillosa historia de amor en la que un hombre decide honrar la memoria de su esposa salvando la casa en la que vivieron tantos años de felicidad.

La película se estrenó en 2009, pero Edith no pudo verla porque un cáncer de páncreas acabó con su vida el 15 de junio de 2008. Barry cuidó de ella hasta el final.
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¿Y qué pasó con la casa? La heredó Barry, no se la ofreció a sus antiguos jefes, decidió mantener la memoria de su valiente amiga y venderla a una persona que se comprometiera a conservarla como Edith la dejó.

A veces, es posible vivir una vida de película, manteniendo la opción por la vida elegida.

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El supuesto fundamental

“Cada cual construye la realidad que luego padece”

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Cómo tomar una decisión

En este video te presento las tres preguntas claves que debes hacerte para tomar una decisión.

Te deseo una buena decisión.

Juan BELLIDO, palabra de coach

Aprendamos de los mejores

Aprendamos de los mejores. Si tuviéramos que modelar un sistema educativo, fijémonos en la Universidad de Columbia. En total 82 premios Nobel han estado vinculados a esta institución, ocho de los cuales siguen en activo y forman parte de la plantilla de investigadores y profesores. Entre ellos se encuentran personajes de la talla de Theodore RooseveltBarack Obama y Joseph StiglitzAllí escribió Federico García Lorca una de sus maravillas poéticas.

Esta universidad plantea que todos los estudiantes estudien filosofía y a los clásicos griegos, independientemente de qué disciplina se estudie después (medicina, ingeniería o literatura), dejando atrás la clásica y estúpida clasificación de ¿ciencias o letras? El objetivo del plan de estudios es enseñar a pensar.

La pregunta fundamental es ¿piensas o no piensas?

Continuemos aprendiendo de los mejores. Uno de ellos: Rafael Yuste.

Este médico neurólogo, es investigador de esta Universidad de Columbia en EEUU. Fue nombrado por la revista Nature como uno de los científicos más influyentes del mundo después de que la Administración Obama seleccionase su proyecto BRAIN —destinado a producir un mapa del cerebro humano— para una inversión de unos dos mil millones de dólares.

Este investigador, cita a Kant, y se inspira en el Renacimiento y en el genoma humano, para descubrir el misterio del cerebro. Mi admirado Rafael Yuste dice: “llegaremos a un nuevo humanismo, porque nos entenderemos a nosotros mismos desde dentro y nos trataremos mejor entre nosotros”.

Rafael Yuste quiere llegar “al núcleo de lo que somos“. ¡Inspirador!

Entre sus principales logros, se encuentra el desarrollo de la técnica llamada calcium imaging que permite medir la actividad neuronal gracias a los cambios químicos que se producen en las neuronas al recorrerlas una señal eléctrica.

El cerebro es una “materia líquida” y hay muchas cosas que aún no sabemos. “Cuanto más conozcamos el cerebro, más admiración tendremos por los hombres y más humanistas seremos”.

Me gusta el renacimiento 2.0

Coincidir ¿para qué?

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Dos amigos vuelven de fiesta a las 3 de la madrugada un fin de semana. Podía haber sido un fin de semana más. De esos donde las risas y las confidencias se entremezclan con las reflexiones serias sobre cómo va el trabajo y la política del país.

Treinta años no importan, si el momento es mágico. Como dos chiquillos juegan a empujarse y darse abrazos, conectando con los niños interiores más allá de la piel.

Una de esas bromas, precipita a uno de los muchachos al suelo, más allá de la acera, tras tropezar. La fatalidad, hizo coincidir el preciso instante de la caída con el espacio. Tiempo y espacio fatídicamente unidos. Un coche de la policía, corría por la vía para atender una urgencia. El atropello provocó una inevitable muerte. El impacto colapsó al compañero, que perplejo vio como la vida de su amigo se detuvo inexorablemente.

La vida para su amigo muerto en el suelo fue hasta ese preciso instante.

Este suceso me interpela, interrogándome sobre la más profunda, sensata y oportuna pregunta que cualquier ser humano podemos hacernos ¿para qué vivo?

El acontecimiento, me lleva a plantearme la pregunta sobre ¿qué hago con mi vida? Mi mente inquieta y pizpireta procura zafarse de la pregunta escurriéndose en la intelectualización: ¿Esa muerte responde a la predestinación?  ¿El destino o “Dios” tenían el evento programado? ¿O acaso el libre albedrío, la casualidad o el azar arbitrario fueron los causantes?

Me doy cuenta que estoy pensando, distrayéndome y evitando la pregunta fundamental: ¿Para qué vivo?.. Y reviso mi propósito de vida… Y tomo conciencia de dónde estoy… Y de qué hago… Y agradezco la oportunidad de continuar aquí y ahora.

Juan BELLIDO, palabra de coach.

www.juanbellido.com

NOTA: basado en hechos reales.