“Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar”

Dalai Lama

Errar es humano, y perdonar es divino. Así se ha entendido en diversas tradiciones espirituales. Ahora las ciencias humanas incluso han sido capaz de describir los beneficios -personales y sobre la salud- asociados a la acción de perdonar.

Es decir, que perdonar es lo más humano que podemos hacer por los demás y por nosotros mismos.

En mi trayectoria como coach, me he encontrado diversos casos donde lo “enquistado” tenía que ver con el perdón.

Así me he encontrado distintos casos donde la persona focaliza la dificultad de perdonar de estos modos:

1. Sentía la incapacidad de perdonarse a sí misma. Donde la CULPA fagocitaba el resto.

2. Se sentía atrapada en un juego sin salida. Donde asociaba perdonar con PERDER.

3. El exceso de carga tóxica emocional, hacía a la persona huir del asunto, aunque permanecía latente y, de vez en cuando, aparecía como RESENTIMIENTO.

4. Una inadecuada alfabetización emocional hacía interpretar un mapa del perdón, que no se ajustaba a la realidad. Por ejemplo, asociando perdón con OLVIDO, y lógicamente son dos  conceptos diferentes.

Entre las herramientas y estrategias a emplear para digerir la situación, y dar lugar al PERDÓN, hemos aplicado:

1. La idea de PODER CAMBIAR LA HISTORIA, desde el aquí y ahora.

2. Gestión de las emociones. Fundamentalmente trabajo con  el enfado y la ira.

3. Manejo del estrés. Pensamiento y sentimiento desde el ganar-ganar.

4. Claves comunicativas, desde la Inteligencia Intrapersonal e Interpersonal.

Ahora relee la cita que encabeza este post, ¿tiene ahora más sentido aún?

Os dejo una vieja leyenda árabe.

Juan BELLIDO, palabra de coach

www.juanbellido.com

Cuenta una bella leyenda que dos amigos viajaban por el desierto y, en un determinado punto del viaje, ambos discutieron. Uno acabó dando al otro una fuerte bofetada.

El ofendido, sin decir nada, se agachó y escribió con sus dedos en la arena:

“Hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada en la cara”

Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. El otro se lanzó a salvarlo y evitó que perdiese su vida.

Al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra. Al acabar, se podía leer:

“Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”

Intrigado, su amigo le preguntó:

– “¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?”

Sonriente, el otro respondió:

– “Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda, o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo, podrá borrarlo.”